Colombia: Terminales genéticos, migraciones y envejecimiento poblacional

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 Libardo Sarmiento Anzola

Colombia  aboca un futuro incierto en productividad, pensiones, seguridad social y desarrollo en general, como resultado de una suma de factores: una disminución del crecimiento demográfico a 0,9 por ciento anual en 2024; más de medio millón de connacionales, en la edad más productiva, abandonan el país por año desde 2022; la decisión de la generación joven en capacidad de reproducción de convertirse en “terminales genéticos”; y, la reconfiguración de la estructura poblacional tendiendo al envejecimiento por lo cual en 2035 se estima que uno de cada cinco colombianos tendrá 60 o más años de edad. Este artículo aboca estas inéditas evidencias e invita a debatirlas.

En 2024 Colombia afronta una demografía turbulenta, con consecuencias negativas para el avance socioeconómico que requiere el país. Cuando se reduce el número de personas que pueblan un territorio dado, por caídas en la tasa de natalidad y la intensificación de los flujos migratorios y, además, la economía enfrenta la acelerada expansión de la carga demográfica (la población improductiva aumenta a ritmos superiores que la población económicamente activa, debido a su envejecimiento), sufre por ello un gradual y progresivo debilitamiento productivo lo que implica una caída en el nivel del PIB per cápita (utilizado como indicador de desarrollo).Jairo Núñez : Demografía y pobreza en Colombia

Es claro, entonces, que la relación demografía-economía constituye una unidad dialéctica; a veces fluyen armónicamente y otras de manera desequilibrada y antagónica. Hay, entre estas dos dimensiones, circuitos de retroalimentación intrínsecos, dinámica de la cual da cuenta Engels (1820-1895) en un texto ampliamente conocido: “Según la teoría materialista, el factor decisivo de la historia es, en fin de cuentas, la producción y la reproducción de la vida inmediata. Pero esta producción y reproducción son de dos clases. De una parte, la producción de medios de existencia, de productos alimenticios, de ropa, de vivienda y de los instrumentos que para producir todo eso se necesitan; de otra parte, la producción del ser humano mismo, la continuación de la especie” (El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado).

Ninguna sociedad puede prescindir de acervos satisfactorios de contingentes humanos. A la vez, ninguna sociedad puede dejar de consumir, ni puede tampoco, por tanto, dejar de producir. Los contingentes humanos constituyen una de las piedras angulares de la actividad económica. El volumen de la población, la tasa de crecimiento y los cambios en su estructura interna pueden favorecer o perjudicar los avances económicos y el nivel de bienestar de la sociedad. Cada concreto modo de producción histórico tiene sus propias leyes especiales en la relación población-desarrollo con el fin de garantizar el proceso de reproducción social. La demografía y el desarrollo deben ser considerados, en el contexto histórico, como parte de un todo de un sistema social, económico, político, ambiental, cultural y psicológico.

Demografía, expansión económica y desarrollo. Hacia el año 1905 Colombia contaba con 4.143.632 habitantes. Actualmente, esa cifra es igual a 52.695.952 personas. De esta manera, en el transcurso de 120 años, durante el período 1905-2024, la población se multiplicó 12,8 veces (gráfico 1).

En paralelo, el sistema económico colombiano presenta una tendencia hacia el crecimiento, aunque sus tasas no son constantes en el largo plazo. El crecimiento siempre es turbulento. El gráfico 1 muestra las fluctuaciones de la producción en torno a su tendencia de crecimiento. El PIB Real, esto es, en términos constantes ($ de 1970) aumentó de 14.148 millones de pesos en 1905 a 2.211.550 millones en 2024, lo que significa que se multiplicó en estos 120 años por 156,3 veces. El resultado de comparar la evolución del tamaño poblacional y la expansión del valor de la producción económica es un crecimiento per cápita real de 13,1 veces; en resumen, el nivel del PBI per cápita real crece de 2.986 pesos en 1905 a 39.133 en 2024 (gráfico 2).

El crecimiento persistente de la producción real a una velocidad superior del incremento poblacional se traduce en niveles de vida cada vez más altos y mejoras en el bienestar social, aunque de manera estructuralmente desigual, concentrada y centralizada, al comparar las clases, grupos sociales y territorios.

El gráfico 3 y la tabla 1 presentan el comparativo entre las tasas de crecimiento anual de la población, el PIB Real y el PIB Real per cápita. El crecimiento promedio de la población durante el período 1905-2024 es de 2,2 por ciento anual; en consecuencia, la población se duplica cada 31,8 años. El incremento del PIB real promedio es de 4,4 por ciento anual; esto es, se multiplica por dos cada 15,9 años. El crecimiento del PIB Real per cápita es de 2,2 por ciento en promedio anual, por tanto se duplica al igual que la población cada 31,8 años.

Las diferencias en las inestabilidades o dispersión de los parámetros son significativas. El coeficiente de variación (% desviación estándar/media) más alto es el de la evolución en el valor del PIB Real per cápita: 114 por ciento; comparativamente es 1,9 veces mayor que la inestabilidad del crecimiento del PIB Real (59,6%) y 3,8 veces más disperso que el crecimiento poblacional (30,1%).

El Rango de variación del crecimiento poblacional es de 2,3 puntos porcentuales. El valor mínimo es de 0,9 observado en la actualidad; una tasa de natalidad menor que 1 significa que la población disminuirá en el futuro. El valor 1,0 representa el valor crítico entre el descenso y el crecimiento de la población a la larga. El valor más alto en la tasa de crecimiento demográfico es de 3,2 alcanzado a lo largo del período 1952-1964; en estos 13 años la población tan solo requería una generación para duplicarse (cada 21,9 años).

La dispersión del crecimiento del PIB Real presenta un rango de 17,5 puntos porcentuales. El valor mínimo de la dinámica económica presenta una contracción de -6,8 por ciento en el año 2020 (la crisis más aguda en la historia del país) y un máximo de expansión de 10,7 al año siguiente, en 2021.

El rango de variación del PIB Real per cápita es similar al observado en el crecimiento del PIB Real: 17,7 puntos porcentuales; el valor mínimo es de -8,6 por ciento en el año 2020 y un máximo de 9,1 por ciento en 2021. En el año 2023 el crecimiento anual per cápita fue negativo en -0,1 por ciento.

En general, existe una fuerte correlación inversa entre el nivel del PIB Real per cápita y las tasas de expansión demográfica. La matriz de correlaciones muestra la fuerza de asociación y el sentido positivo (directo) o negativo (inverso) de la relación (tabla 2). En Colombia, el crecimiento del PIB Real se encuentra significativamente asociado y de manera positiva con el crecimiento del PIB Real per cápita: 0,97122 (la correlación tiene un rango entre -1 y +1, el cero significa no asociación). El crecimiento de la población registra una correlación positiva pero no tan significativa con el crecimiento del PIB Real (0,16751) y negativa y poco significativa con el crecimiento del PIB Real per cápita (-0,03464).

El proceso acumulativo de desarrollo económico es función directa del esfuerzo de capitalización (inversión) de la sociedad y del crecimiento del PIB Real a tasas más que proporcionales a las del crecimiento de la población.

Hundimiento demográfico. La reducción del ritmo poblacional de crecimiento no significa que la población deje de aumentar. En términos absolutos, la variación en el tamaño de la población de un año al siguiente depende del acumulado de individuos al inicio, al que se adiciona el número de nacimientos y se sustrae el número de defunciones, más la migración neta (los connacionales que emigran al extranjero, menos los extranjeros que inmigran para fijar su residencia en el país). Esta dinámica en Colombia se presenta en la tabla 3 y los gráficos 4 y 5.

En conjunto, durante el período 2000-2024 (según proyección del Dane), el tamaño de crecimiento de la población se ralentiza al registrarse una tendencia hacia la disminución de la tasa de natalidad. En el año 2000, la tasa de crecimiento de la población fue 1,4 por ciento; aumenta a 1,8 en 2004, cae a 0,6 en el año 2020 y actualmente se encuentra en 0,9 por ciento (para el 2000 la población se duplicaba cada 50 años, ahora tarda 78 años). Adicionalmente, los nacimientos se reducen cerca del 40 por ciento; las defunciones aumentan un 54 por ciento y la dinámica de emigraciones-inmigraciones es bastante turbulenta y dinámica.

De acuerdo con el Dane, los eventos catastróficos en la población, como el coronavirus, traen cambios en la dinámica poblacional, que reconfiguran los niveles y estructuras de la población. En Colombia, la pandemia se presentó con mayor fuerza en los años 2020 y 2021, afectando los componentes demográficos: fecundidad, mortalidad y migración. La tasa de defunciones (% defunciones/población) disminuyó de 0,5 por ciento durante el período 2000-2010 a 0,4 en los años 2011-2013; en 2021 alcanzó el pico de 0,8 por ciento y en los años 2022-2024 se estabilizó en 0,6 por ciento.

Terminales genéticos. Richard Dawkins publica en 1976 su libro “El gen egoísta”, el que interpreta la evolución de las especies desde el punto de vista de los genes en lugar del individuo, a la vez que critica los argumentos de la selección de grupos. Según la teoría del gen egoísta, el gen es la unidad evolutiva fundamental. Los organismos son, pues, meras máquinas de supervivencia para genes. Un gen de un organismo sigue existiendo si dicho ser se reproduce. El egoísmo constituye una metáfora con la que Dawkins explica que la probabilidad de que un gen prospere depende de su capacidad de adecuación al medio. Este libro también es notable por introducir el concepto de meme, agente responsable de la transmisión cultural en el ser humano, análogo al agente de gen y, por lo tanto, sujeto a las mismas reglas básicas de la evolución (el egoísmo entre ellas).

En contraste, las tasas de natalidad en la especie humana han de explicarse más por factores socio-económicos, políticos, ambientales y culturales que biológicos. La generación contemporánea ha decidido convertirse, de manera consciente, en “terminales genéticos” y no reproducirse más. En consecuencia, la fecundidad de las familias, medida por el número real de hijos, disminuye progresivamente. El endurecimiento y dificultades en las condiciones de vida actuales (desempleo, explotación, violencia, pobreza, incertidumbre) y el ideal narcisista, libertario y egoísta generan un miedo espantoso frente a la opción de tener hijos (en la legislación colombiana la responsabilidad de los padres se extiende hasta los 25 años de edad del hijo; además, se estima que, a precios de 2024, los recursos necesarios y mínimos para la crianza y Sabías qué? | DANE para Niños, Niñas y Adolescentescuidados integrales del hijo hasta su emancipación requiere de disponer o proveer en el futuro un flujo de ingresos equivalente a $131,2 millones –la línea de pobreza monetaria mensual per cápita nacional en 2024 es de $437.354–, alternativamente se debe ser beneficiario crónico del asistencialismo público; por lo anterior, los “terminales genéticos” consideran que concebir un hijo es una forma de esclavitud e irresponsabilidad).

Un matrimonio joven estará menos ansioso por tener muchos hijos si su ingreso actual disminuye hasta alcanzar niveles muy inferiores a los que tenían sus familias unos años antes. El ideal de la familia judeo-cristiana se ha desvalorizado y ha dado paso a nuevos e inéditos tipos de familia. El movimiento de liberación femenina y los nuevos patrones de psicología social refuerzan estos factores económicos y culturales. Si las mujeres son profesionales, consiguen un buen empleo, bien remunerado, y valoran más su propio florecimiento humano, tardarán en casarse y las carreras competirán con la maternidad y con el propio matrimonio.

En el período 2000-2024 la tasa de nacimientos cayó de 1,9 por ciento a 0,9. En este tiempo, la tasa de crecimiento de la población pasó de 1,4 por ciento a 0,9. Se ha podido establecer, según el Dane, que la reducción de la fecundidad se debe, entre otros factores a que las parejas detienen sus planes de tener hijos en momentos de incertidumbre y crisis económica. Para 2030, la proyección de la Tasa Global de Fecundidad después de la pandemia de covid-19 se ubica en 1,5 hijos por mujer.

En una mirada histórica, desde mediados del siglo XX hasta la década de los años 1960 se registró la aceleración del crecimiento demográfico en los países periféricos, fenómeno que se denominó “explosión demográfica”. En aquella época se consideraba que la demografía determinaba el desarrollo; en consecuencia se implementaron instituciones y políticas públicas de planificación familiar.

La evidencia empírica de finales del siglo XX, mostró que a niveles más altos de desarrollo la tasa de fecundidad comenzaba a disminuir hasta quedar muy por debajo de la fertilidad o capacidad reproductiva biológica. Por tanto, se invirtió la ecuación: ahora la demografía está determinada por los niveles de desarrollo, cuyos efectos sobre la población se basan en la “teoría de la transición demográfica”.

Dice esta que las economías de bajo nivel de ingreso per cápita generalmente presentan elevadas tasas de expansión demográfica; a medida que esas economías alcanzan grados más satisfactorios de desarrollo, la tasa de mortalidad declina a causa de los niveles de vida más altos y el efecto de las políticas públicas sociales; tiempo después, la Deberes-y-derechos-cuidado-de-los-niñostasa de natalidad comienza a bajar; las dos siguen un curso decreciente más o menos paralelo, siendo la disminución de la tasa de natalidad siempre un poco más acentuada; finalmente, cuando se hacen difíciles nuevas reducciones de la tasa de mortalidad, la de natalidad ya se encuentra en un nivel bastante bajo, resultando de ese mecanismo una acentuada reducción en el ritmo de crecimiento de la población.

Recientes encuestas en Colombia lo corroboran. Un contraste grande está por generaciones: mientras que más del 82 por ciento de los/as mayores de 55 años de edad dicen que tienen hijos y no se arrepienten de haberlos traído al mundo; con ellas solo coincide el 42,1 de quienes tienen entre 25 y 34 años de edad y ya tienen hijos. Es decir, o las personas más jóvenes se han dado cuenta rápidamente de que la maternidad/paternidad no es lo que las hace felices o quizá tienen mayores dificultades para criar a sus hijos, que las que enfrentaron sus padres/madres y abuelos/as. Al hacer la clasificación por estrato socioeconómico, las encuestas encuentran que 21,9 por ciento de las personas en estratos 1 y 2 que no han tenido hijos quieren tenerlos, 7 puntos más que en los estratos 4, 5 y 6 en la misma condición; pero son los estratos más bajos los que tienen la mayor cifra de arrepentidos de tener hijos.

El “trade-off” negativo de los flujos migratorios.

En economía, trade-off es la relación costo-beneficio, la cual ofrece un cierto provecho a cambio del sacrificio de algún otro. En el siglo XXI se registra un fenómeno poco conocido en la historia de Colombia: la turbulencia y dinámica en las migraciones, esto es movimiento desordenado en el flujo de emigraciones e inmigraciones; en vez de seguir trayectorias paralelas, describen trayectorias sinuosas y forman torbellinos. En el período 2000-2024, el saldo neto de la migración es de un poco más de tres millones de personas.

Dos dinámicas son significativas: de una parte, la inmigración de venezolanos hacia Colombia es un fenómeno que se intensificó desde la década de 2010 debido al estallido de la crisis económica en el país vecino; la cifra de este flujo suma tres millones de personas; de otra parte, la emigración de nacionales hacia Canada, Estados Unidos, Europa, México, Ecuador y países del “Cono Sur” (Argentina, Chile y Brasil) es continua y creciente. En 2022, con 547.000 connacionales que se fueron del país, Colombia registró una cifra histórica de emigrados, situación que no se presentaba desde 1998, cuando se vivía una crisis económica; esta cifra es el triple del promedio de años anteriores.Colombia evalúa nuevo mecanismo para regularizar a los migrantes a  venezolanos

Los jóvenes entre 18 y 29 años, y los adultos entre 30 y 39 años, son la población que más está tomando esta decisión de abandonar el país. El problema es que quienes emigran en búsqueda de mejores oportunidades y salarios cuentan con buen nivel de formación académica, experiencia laboral, resiliencia, emprendimiento, capacidad de trabajo y productividad. Al contrario, quienes llegan al país no cuentan con tales capacidades y potencialidades. En consecuencia, se registra un “trade off” negativo en la dinámica emigración-inmigración en términos de productividades.

Según estimación realizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, actual- mente se encuentran en el exterior cerca del 10 por ciento de la población colombiana (alrededor de 5,3 millones de personas). Con este flujo continuo de población económicamente activa cualificada el país pierde un gran potencial productivo. En efecto, la problemática de este aumento de personas que emigran, unido a la reducción de la tasa de natalidad, es que las capacidades productivas internas se van a reducir y se afecta toda la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social (salud y pensiones, principalmente) y del potencial de desarrollo. No obstante, la cultura cortoplacista criolla sólo tiene en cuenta el alto volumen de divisas que llegan al país producto de las remesas de los trabajadores nacionales que laboran en el extranjero, cuyo valor mensual se multiplicó por diez entre enero de 2000 y diciembre de 2023. La suma de las remesas de los trabajadores durante todo el año 2023 es de USA $10.200, el segundo renglón de ingreso de divisas al país, después de las exportaciones minero-energéticas (gráfico 6).

Carga demográfica. El examen de la estructura demográfica permite establecer tres franjas en que puede dividirse, para fines de análisis del desarrollo económico, la población de un país: i) pre-productiva (menores de 12 años de edad); ii) productiva (12 a 60 años); iii) post-productiva (mayor de 60 años). Con la definición de esas franjas puede valorarse el potencial de recursos humanos con que cuentan los sistemas económicos.

La población económicamente activa se encuentra únicamente en la segunda franja, mientras las situadas en las otras dos constituyen la llamada carga demográfica. Desde el punto de vista demográfico, uno de los más agudos problemas al que se enfrentan las economías periféricas es precisamente el de la acelerada expansión de la carga demográfica. En Colombia se registra un paulatino envejecimiento de la población que compromete la expansión de la economía y las finanzas públicas por la disminución de ingresos y el aumento proporcionalmente mayor de las obligaciones por concepto de asistencia social y sostenibilidad de la seguridad social. De manera adicional, se presenta una reducción significativa de la provisión del factor humano susceptible de utilización en el futuro (menores de 12 años de edad).

En 1985, los menores de 12 años de edad representaban el 30,3 por ciento del total de la población; la económicamente activa participaba con el 63,0 y la población mayor de 60 años con el 6,7. En 2024, la población pre-productiva es el 17,9 por ciento; la franja económicamente activa el 67,0; y la población post-productiva el 15,1 (gráfico 7).

Uno de los graves problemas de Colombia es que no utiliza todo el potencial productivo de su población: Para el mes de octubre de 2023, según información del Dane, la tasa de desocupación del total nacional fue 9,2 por ciento, la tasa global de participación se ubicó en 64,0 y la tasa de ocupación fue 58,1 (relación porcentual entre la población ocupada y el número de quienes integran la población en edad de trabajar); adicionalmente, según la misma entidad, para el total nacional, en el trimestre julio-septiembre 2023 la proporción de ocupados informales fue 56,1 por ciento. En resumen, de una parte, del total de población en la franja productiva, solo el 58,1 trabajan; de otra parte, dos de cada tres integrantes de la fuerza de trabajo se encuentran en condiciones de desempleo o informalidad.

La teoría malthusiana y la ley de los rendimientos decrecientes.

En 1798, el inglés Robert Malthus (1766-1834) escribió su libro “Ensayo sobre los principios de la población”, según el cual el crecimiento de la población es rápido y fácil, si no se controla aumenta en progresión geométrica, mientras que el suministro de medios de subsistencia es arduo y difícil y solamente crece según los términos de una progresión aritmética. En realidad, a partir del siglo XX las tasas de expansión demográfica son menores a las previstas por el ‘erudito’ inglés, mientras los niveles de la economía presentan un incremento frente a las nuevas posibilidades de producción implantadas por las revoluciones científico-tecnológica e industrial. Sin embargo, la sombra de su teoría sigue presente después de 225 años de publicado su “Ensayo”.

Las ideas de Malthus se basan en la ley de los rendimientos decrecientes y siguen teniendo importancia. Esta ley subraya la crucial importancia del crecimiento de la población en relación con la limitación de los recursos naturales fijos y la dotación de capital producto de la inversión. En resumen, el crecimiento desproporcionado de la población, comparado con la acumulación de capital y la disponibilidad de recursos naturales, puede conllevar a rendimientos decrecientes, dificultando el incremento en la producción per cápita y, por lo tanto, retardando el progreso material de la sociedad.

El análisis de productividad del total de factores (PTF) en el proceso económico en Colombia, durante el período 2005-2023, describe un panorama de estancamiento. En los 19 años estudiados, 9 registran productividades negativas; el promedio de la productividad es cercana a cero (0,2) y la dispersión de los datos observados es gigante (DE/Media=956); el rango de variación es de 6,9 puntos porcentuales, con un valor mínimo de -2,7 en el año 2007 y un máximo de 4,2 en 2006. En 2023, la PTF fue negativa en -1,0 por ciento (gráfico 8).

La inversión es la suma de los recursos que se utilizan para adquirir capital fijo con el fin de aumentar la producción y/o la productividad. La formación de capital de maquinaria y equipo es el único componente de la inversión que determina el crecimiento económico potencial. En Colombia, es preocupante la tendencia negativa de la relación inversión fija/PIB; en el segundo trimestre de 2023 llegó a 16,9 por ciento, su nivel más bajo al menos desde 2005, excluyendo el periodo inicial de la pandemia.

La subutilización de la población en edades productivas, la baja productividad de los factores productivos, unido a las dinámicas demográficas negativas, la concentración del ingreso y la explotación laboral, conducen a un panorama de importantes niveles de desempleo e informalidad (afectando alrededor del 65,3% de la fuerza laboral), aumento en la pobreza y la vulnerabilidad (la pobreza afecta a 36% de la población y 30,4% tiene una alta probabilidad de caer en la pobreza) y al conflicto social.

No queda duda, visto todo lo anterior, que el estudio de la dinámica población-desarrollo es fundamental para comprender, proyectar y actuar de manera dinámica ante todas y cada uno de los factores y problemáticas que puedan caracterizar a un país dado. Ser conscientes de ello es fundamental para no vivir el presente como algo que no tiene implicaciones futuras, y asumiendo el tiempo por venir como un improbable sobre el que no es posible ni predecir, ni determinar ni actuar.

* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique, edición Colombia.