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De regreso a Oktubre: la revolución rusa, motivo de debate en las izquierdas

octubre 24, 2017 Pensamiento Crítico No Comments

Hemisferio Izquierdo|

La Revolución Rusa, sus hazañas y sus miserias, sus fermentales polémicas y sus juicios de Moscú, su carrera espacial y su colectivización forzada, atravesaron todo el siglo XX y siguen siendo motivo de álgidos debate entre las izquierdas. Rememorar, repensar, analizar y reflexionar en torno a tamaño hito histórico no es tarea sencilla, más bien es casi imposible. Sin embargo, tampoco es posible no volver a debatirla en el centenario de aquella gesta, puesto que el experimento soviético, sea el balance que se haga del mismo, se considere que fracasó y/o fue derrotado, fue para las izquierdas el primer gran intento de escala mundial de transcender el modo de producción capitalista.

El portal pregunta sobre las enseñanza que dejó la gesta soviética, el problema del poder en la estrategia socialista y los división actual entre reformistas y revolucionarios. Responden Natalia Leiva Uruguay), Juan Kornblihtt y Fernando Dachevsky (Argentina) y Miguel Stedile (Brasil).uru natalia leyva

Leiva, profesora de historia y dirigente del Partido de los Trabajadores, señala que múltiples enseñanzas se pueden extraer de la experiencia soviética, pero quizás la más importante, es que el socialismo sólo puede edificarse en base a la lucha de clases nacional e internacional y a la dirección revolucionaria del proletariado.

Kornblihtt y Dachevsky, historiadores y economistas, investigadores del Conicet argentino, alertan que el debate sobre el carácter de la revolución de octubre y sobre la URSS parte de un análisis nacional que no puede dar cuenta de su contenido mundial. Mientras, Stedile, de la dirección nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (MST), señala que con todos los errores y autocríticas que son necesarios sobre la experiencia soviética es necesario reconocer que eliminar la dominación de una clase sobre la otra, liberó poderosas energías. He aquí las respuestas de los entreviados a las dos preguntas de Hemisferio Izquierdo.

 

-Dada la importante división histórica del movimiento socialista a partir de los posicionamientos sobre la primera guerra mundial y la revolución rusa, ¿qué queda vigente y qué habría que revisar de esas divisiones contemplando las actuales circunstancias de la lucha de clases? particularmente ¿qué es lo que divide en la actualidad a reformistas y revolucionarios?

 ar juan kornblihtt y fernando dachevskyJK y FD- Enfrentarnos a la controversia entre reforma y revolución implica remitirnos a lo que ésta expresó originalmente. No se puede pensar la disputa entre reformistas y revolucionarios en abstracción del curso político que siguieron estas perspectivas. Es decir, no se puede plantear el asunto como si se tratara de una polémica intelectual sin dar cuenta del curso seguido por las expresiones políticas reformistas, la socialdemocracia europea, y de aquellos que efectivamente personificaron gobiernos revolucionarios. Es decir, los partidos comunistas.

 El desarrollo histórico de la socialdemocracia europea y los partidos comunistas nos muestra que el debate reforma o revolución sirvió de base de experiencias radicalmente distintas, pero que conforme avanzó el siglo XX fueron virando hacia posiciones cada vez menos contrapuestas, donde los partidos comunistas fueron acercándose a posiciones reformistas y la socialdemocracia fue borrando de sus programas toda perspectiva general relativa a la superación del modo de producción capitalista.

 El derrotero de estas experiencias demanda para la acción política un análisis crítico de las mismas que, hoy, siguen atravesando los programas políticos de las organizaciones obreras. Pero esta crítica no puede detenerse en la sencillez de identificar debilidades abstractamente subjetivas detrás de cada programa. Si nos detuviéramos en este punto parecería ser que la potencia revolucionaria de la clase obrera depende de que, producto del azar, surja una conciencia capaz de darse cuenta de la agenda correcta a seguir. La cuestión entonces es poder explicar de dónde surge la conciencia revolucionaria. Es decir, de explicar qué potencia tiene la acción de la clase obrera en el modo de producción capitalista.ar juan kornblihtt y fernando dachevsky

 Aunque esta acción aparezca muchas veces representada como si fuera el resultado de una intervención exterior, lo cierto es que el capital determina a la clase obrera como un sujeto que debe actuar políticamente para poder reproducirse en términos normales. En el modo de producción capitalista, la clase obrera constantemente se ve forzada a actuar políticamente para defender el valor de su fuerza de trabajo. En una sociedad donde de manera permanente se genera una masa de población obrera sobrante, la venta de trabajo por su valor demanda de una acción política que imponga sus condiciones por la fuerza.

 En su acción política, el obrero afirma entonces una relación social enajenada al capital. No se desarrolla fuera del capital, sino que es forma concreta de su desarrollo. Sin embargo, la acción política obrera no se reduce a un mecanismo automático de regulación de la venta de la fuerza de trabajo, sino que implica un enfrentamiento en el cual ésta adquiere un contenido transformador. La lucha por la defensa del valor de la fuerza de trabajo pone a los productores frente a un orden de cosas que cuestiona su reproducción normal y por lo tanto no puede sino ser cuestionado. El problema es conocer las potencias específicas de este cuestionamiento. Aunque en determinado momento este cuestionamiento no traspase la condena moral, es síntoma de una contradicción en el modo en que se realiza la unidad de la producción social, que necesita ser superada. La necesidad de esa superación se explica porque al mismo tiempo que el capital coloca a la clase obrera en la necesidad de cuestionarse las consecuencias del modo privado con que se apropia el producto social, la desarrolla con atributos subjetivos necesarios para un modo de organización que trascienda la forma actual. Esa acción tiene como momento necesario a la eliminación de la clase capitalista y la centralización del capital por el Estado, pero su desarrollo tiene como base a la socialización y el control científico de la producción.

rusia revolucion Este problema nos lleva a tener que avanzar en conocer las determinaciones específicas de esta sociedad que hacen a la acción política revolucionaria. Sin embargo, tanto el programa llamado revolucionario como el reformista no avanzan en este sentido y se detienen en la apariencia de que lo que está en juego es una disputa puramente ideológica. Del lado llamado revolucionario, la cuestión se redujo a que la potencia revolucionaria de la clase obrera se deriva del hecho de que las condiciones objetivas para la revolución ya fueron alcanzadas y lo que sigue se dirime, por lo tanto, en una disputa de ideas. Se dirá que el modo de producción capitalista ya dio todo lo que podía dar en términos de progreso de las fuerzas productivas y que lo que queda es la disyuntiva entre socialismo o barbarie capitalista.

 

¿Pero qué es esa barbarie capitalista en un marco en el que ya no se desarrollarían las fuerzas productivas? ¿Puede el capitalismo seguir existiendo sin desarrollar la extracción de plusvalía relativa? ¿Puede desarrollarse la apropiación de plusvalor relativo sin desarrollar las fuerzas productivas? La denominada perspectiva revolucionaria se escapa a estos interrogantes refugiándose en llamamientos a una acción que no puede explicar. La subjetividad revolucionaria le aparece entonces no siendo una potencia que desarrolla la clase obrera sino algo que depende exclusivamente de la abstracta precisión que pueda tener un llamamiento exterior. Esta perspectiva tuvo distintas formas a lo largo del siglo XX, pero en todos los casos terminó llegando a un punto en el que tuvo que explicar por qué aquello que se proponía no se logró. En ese punto, el marxismo revolucionario no puede sino buscar los problemas allí donde buscaba las soluciones: en el plano de la conciencia abstractamente libre. Esto es, la falta de un programa adecuado, la falta de disposición revolucionaria de la dirección, etc. En todos los casos la falta de una conciencia revolucionaria se explica en sí misma.

 Aunque opuestos en la lucha inmediata, el marxismo reformista reprodujo un enfoque similar donde la acción revolucionaria no es una potencia del proceso de socialización del trabajo y el control científico de la producción, sino que estos procesos son dados por supuestos como si operasen a espaldas de la acción de la clase obrera y donde ésta se termina reduciéndose a una lucha moral por mantener las instituciones democráticas. Luego, como incluso en los casos más fundamentados, la socialización de la producción no es más que un telón de fondo, estas corrientes no tardaron en directamente suprimir la perspectiva socialista de sus programas reduciendo la cuestión a una mera disputa por mantener las formas democráticas. Donde la propia organización política ya no se reconoce en la lucha de clases sino en una aparente lucha entre sujetos con mayor o menor compromiso democrático.Resultado de imagen para oktubre hemisferio izquierdo

 Tanto la perspectiva reformista como la revolucionaria parten de representarse a la acción política de manera exterior a la organización social de la producción y terminan vaciándola de toda potencia específica. Por lo tanto, de lo que se trata no es de regodearse en la propia capacidad de refutar programas políticos, sino de conocer las potencias con que el capital determina a la clase obrera como sujeto revolucionario. Ese conocimiento no puede ser indiferente a las formas concretas que se desplegaron en el siglo XX. Tanto el programa reformista como el revolucionario mostraron durante el siglo XX la capacidad de personificar políticamente distintas formas nacionales de acumulación de capital.

 

En los dos casos, las organizaciones políticas llamadas reformistas como los partidos comunistas se presentaron originalmente como la vía necesaria para dirigir a la clase obrera en su desarrollo como sujeto revolucionario. Pero ambas expresiones políticas terminaron mostrando su impotencia y personificando, sobre todo desde la década de 1980, el retroceso de la clase obrera y el ataque a sus condiciones de vida.

 El fracaso de las llamadas experiencias socialistas no quita actualidad a la perspectiva revolucionaria en tanto perspectiva que dé cuenta de la necesidad general de la clase obrera de desarrollarse como un sujeto político antagónico a la clase capitalista. Así como la acción política de la clase obrera no puede darle la espalda al Estado, debe retomar las experiencias donde dicha acción logró la centralización estatal del capital. Pero al mismo tiempo, debe superar las apariencias ideológicas que emergieron de la impotencia histórica de esas experiencias y explicar aquellas determinaciones específicas que mostró la acumulación de capital en los llamados países socialistas.

 Resultado de imagen para miguel stedile MS- Desgraciadamente, creo que la situación es más compleja. Con el fin de la URSS, del Este Europeo y la ofensiva neoliberal, la izquierda entró en una crisis teórica, en la que gran parte rechazó el materialismo-dialéctico y por lo tanto, utilizó herramientas para análisis de la realidad o se dejó contaminar por el pensamiento post -moderno. Si no tenemos un análisis preciso de la realidad, no tendremos una acción precisa para transformarla.

A continuación, hay una crisis de programa, porque al negarse la experiencia del siglo XX, rechazar el materialismo, también se ha renunciado a la transformación de la sociedad, la política se ha convertido en el arte de lo posible, de lo que es permitido por las condiciones de gobierno, la coalición, etc . La transformación estructural dejó el horizonte y los proyectos estratégicos fueron sustituidos por programas de gobierno, puntuales y paliativos. Sin condiciones de analizar la realidad críticamente e incapaz de generar un programa alternativo al neoliberalismo, muchos han sido contaminados con ideas neoliberales, como las de dejar al mercado la organización de la sociedad. 

De cualquier forma, en cualquier período histórico y clase social, la distinción entre revolucionarios y reformistas se dará siempre por el grado de consecuencia (y no de retórica) en que estén dispuestos a asumir verdaderamente para un rompimiento y transformación estructural. Sin eso, incluso discursos más radicales, esconden a través del pesimismo una conformidad con el estado actual de las cosas.

 Resultado de imagen para Natalia-LeivaNL- En esta etapa histórica que fue inaugurada con la Primera Guerra Mundial (que Lenin caracterizó en 1915 como de guerras, crisis y revoluciones), es fundamental retomar elementos teóricos que permiten echar luz sobre los aparentemente “difusos” límites entre las corrientes que se reivindican de izquierda.  En este sentido, la división entre revolucionarios y reformistas, mantiene las premisas de principios de siglo XX, que desembocaron en el desastre de la guerra imperialista y en la Revolución de 1917. En síntesis, el punto de quiebre se fundamenta en dos elementos.  El primero, el programa que se elabora y los intereses que se pretende defender con él. El segundo, la construcción de un partido de combate, capaz de organizar a la vanguardia obrera para la toma y consolidación en el poder, para remover a la burguesía del gobierno e iniciar una nueva etapa de gobierno de los trabajadores.

 La Primera Guerra Mundial, implicó en países de Europa y en Rusia particularmente, el aceleramiento en el desarrollo de la conciencia de las masas, agotadas del esfuerzo que implicaba esta guerra. Pero este proceso, no estaba acompañado aún por un partido capaz de formar una vanguardia que pudiera dirigir ese proceso, con cuadros formados políticamente y respetados por el movimiento obrero. Ambos elementos, claramente no estaban en el mismo compás, por lo que fue imprescindible que se desarrollara un partido con tales características.

 En épocas de confusión, donde los límites ideológicos intentan ser difuminados, es necesario plantarse y preguntar ¿cuál es tu programa? ¿qué intereses buscás defender? ¿de qué método te vas a dotar para eso?Resultado de imagen para miguel stedile

 Estas preguntas, aunque sencillas en su formulación, implican grandes asuntos tácticos y estratégicos. Tácticos, porque los leninistas no negamos las reformas, pero no hacemos de ellas un fin en sí mismo, por lo que debemos tomar las demandas concretas, para darles un contenido político (colocándolo en una perspectiva histórica, nacional e internacional), que permitan un avance cualitativo. Estratégicos, porque el fin de nuestra lucha es la destrucción del capitalismo, el gobierno obrero y la unidad socialista entre los pueblos.

 Los reformistas continúan defendiendo un programa que se traduce (en experiencias concretas como el FA en Uruguay) en un elemento de contención en el desarrollo de la conciencia de las masas, es decir, un bloqueo en el desarrollo histórico de un movimiento obrero que pueda llevar a cabo una revolución socialista, lo que equivale a decir: no habrá gobierno obrero (y por lo tanto, no habrá socialismo) en tanto el reformismo esté orientando a los trabajadores.

 Es por esto que negamos la “vía democrática” de la socialdemocracia, dado que, no habrá paz hasta que no venza la clase obrera internacional. Las vías pacíficas han demostrado ser un mecanismo de cooptación y gobiernos abiertamente proimperialistas (FA, PT de Brasil) y han conducido a la clase obrera a la derrota (Allende en Chile).

 Los planteos de reformas parciales, no son otra cosa que un paso, una transición hacia el verdadero objetivo, la revolución y el gobierno obrero. Un planteo como este, es incompatible con el “pacifismo” reformista de origen pequeñoburgués, dado que implica la explotación a fondo de las contradicciones del sistema, con el objetivo de que los trabajadores extraigan las conclusiones que les permitan formar una vanguardia capaz de disputar el poder.

 Así como en 1914, estas corrientes de la socialdemocracia bregaban por el desarme de los obreros, buscando un nicho en el parlamento desde donde sustituir de forma pacífica a la revolución, hoy, plantean como alternativa “humanizar al capitalismo”, como si este sistema de muerte y explotación, que se encuentra en plena senilidad, no pudiera ser derrotado, negando así, la concepción materialista-dialéctica de la historia.

rusia d El problema de la revolución, es el problema del partido. Las premisas leninistas cobran especial sentido en una época en las que pareciera que las condiciones objetivas para un verdadero estallido, están dadas: crisis políticas que se decantan con el agotamiento de los autodenominados “gobiernos progresistas” en América Latina (que se demuestran obsoletos frente a los reclamos de las masas trabajadoras y de las demandas del capitalismo mundial), crisis que se saldan con el retorno de gobiernos de derecha que buscan terminar de liquidar las conquistas obreras (Temer, Macri); o el preocupante aumento de la votación a partidos de extrema derecha en toda Europa (especialmente en las últimas elecciones de Alemania, donde neonazis consiguieron un 13% de los votos, obteniendo 88 escaños en el Parlamento) o los fenómenos Le Penn y Macrón en Francia. La victoria de Trump, que fue asumida por la burguesía pro-demócrata con facilidad, impidiendo que se profundizara una posible crisis.

 En Uruguay, estos procesos se muestran menos claros, aunque no por eso, es menos evidente el proceso de agotamiento y el giro a la derecha del FA, que no duda en aplicar la esencialidad a los conflictos obreros, reprimir estudiantes, recortar el presupuesto en salud y educación, otorgarle toda clase de beneficios impositivos a empresas saqueadoras como UPM. Todos estos elementos, constituyen elementos explosivos, que los partidos revolucionarios aún no hemos podido explotar a fondo, a pesar de ciertos avances parciales.

 La revolución rusa desplegó en todas sus contradicciones el problema del poder para la izquierda. Desde esa perspectiva ¿qué enseñanzas dejó la gesta soviética? ¿cómo debería una estrategia socialista lidiar con el problema del poder?

 ar juan kornblihtt y fernando dachevskyJK y FD – Más allá de las diferencias, el debate sobre el carácter de la revolución de octubre y sobre la URSS en general parte de un análisis nacional que no puede dar cuenta de su contenido mundial, como si cada país fuese un capitalismo en sí mismo yuxtapuestos uno a otro y no parte de una unidad. La acción política tendría por lo tanto la posibilidad de transformar el modo de producción en un país. Ya sea que se caracterice a la URSS como el socialismo realizado, como un Estado obrero u obrero deformado, un Estado burocrático o incluso un capitalismo de Estado, la revolución es explicada como un proceso nacional que se ve condicionado en forma externa por el resto del mundo.

 En cuanto se reconoce que el Estado y la nación son la forma que toma una relación social a través del valor que tiene un carácter mundial, el análisis de la revolución rusa cambia por completo. La revolución aparece en forma directa vinculada a la primera guerra mundial, es decir una forma de la competencia capitalista. El primer proceso de expropiación de capital y la reforma agraria se expresan en una fuerte intervención estatal por el comunismo de guerra. Pero terminada, la NEP pone otra vez al capital privado extranjero y el capital y terratenientes agrarios nacionales en una relación signada por la relación a través de las mercancías. La industrialización acelerada y la colectivización forzosa son respuesta a la imposibilidad de sostener a la industria por la caída de los precios agrarios y petroleros internacionales y las bajas en las exportaciones, proceso marcado por la crisis mundial del ‘30.trabajo x rivera2

La industrialización de la década posterior se realiza con capital extranjero (con gran peso del estadounidense) a través de concesiones directas y/o con compra de empresas llave en mano que requieren de exportaciones y divisas. Todo el aumento de productividad entonces responde a la búsqueda de sostenerse en la competencia mundial. De hecho, el sentido de la industrialización está puesto ya desde el ‘30 en perspectiva de una futura guerra con plantas adaptadas para cambiarse a la producción de armas. Por espacio, no podemos avanzar más allá de esto, pero ya el sentido de la revolución se muestra como una acción estatal regida por la unidad mundial a través de la búsqueda de aumentar la plusvalía relativa que se expresa en la necesidad de reproducirse comprando y vendiendo en el mercado mundial.

 Visto desde la unidad mundial en esta hiper estilizada y resumida descripción vemos que no podemos pensar a la URSS desde su forma nacional perdiendo de vista el contenido mundial de la acumulación de capital. Solo viendo todos estos fenómenos como cuestiones externas que afectan el desarrollo nacional es que se puede pensar a la URSS como la negación del capital. Solo una mirada abstraída del capital como mundial puede otorgársele una supuesta mayor o menor autonomía por el hecho de haber eliminado a la burguesía. Pero incluso si avanzamos en el análisis interno de las relaciones dentro de la URSS observamos que esta determinación no se trata solo de un trabajo socializado hacia adentro que toma forma privada hacia afuera. Dentro de la URSS, el vínculo social no se da en forma directa sino a través de las mercancías y el dominio estatal. La acción política no es por una coordinación directa sino entre personificaciones de mercancías. De hecho se presenta como dictadura del proletariado en tanto se trata de vendedores de fuerza de trabajo. 

 En los momentos de guerra, la asignación laboral aparece forzada, pero luego existe movilidad y diferencias salariales acordes al valor de las respectivas fuerzas de trabajo. El avance del Estado remite a una forma de organización de la producción que no es directa. La planificación estatal se encuentra no sólo determinada por el carácter mercantil hacia afuera del país que lo determina en su aspecto más general, sino en la imposibilidad de establecer una relación directa entre el plan estatal y la realización del mismo que termina expresándose en la necesidad de utilizar la moneda y los precios como reguladores, incluso más allá de la reproducción de la fuerza de trabajo. Hasta Stalin en su apología de la URSS como socialismo realizado reconoce que rige el valor. Este carácter hace que tanto por la determinación mundial como por la forma hacia adentro nos encontremos con que la necesidad de aumentar la productividad no está en un abstracto bien común sino regida por la búsqueda de aumentar la plusvalía relativa.

 Frente a este carácter de la URSS aparece, por un lado, el aumento de la productividad y el avance en la universalización de la clase obrera con la conquista de educación, salud y mejora en las condiciones de vida de millones de hombres y mujeres y, por el otro, la represión y la eliminación de población sobrante. La separación en cosas buenas y malas de dos formas inseparables del desarrollo del capital sólo puede ser resultado de una conciencia incapaz de reconocerse en su propia enajenación y que, por tanto, avanza sobre la base de representarse como un individuo que elige lo bueno por sobre lo malo.

 Esta mirada reduce el análisis de la URSS en una tarea ideológica o peor aun en la base para una utopía. Al hacerlo pierde toda potencia para la acción actual. El marxismo durante la URSS se constituyó en una conciencia estatal portadora de la potencia revolucionaria que tomó la necesidad de avanzar en una concentración y centralización del capital y la tierra. En ese momento histórico, aunque no podía dar cuenta de su determinación en tanto atributo del capital y lo planteaba como una superación (o una transición hacia la superación) del mismo, sí tenía la potencia de realizar la expropiación de los capitalistas individuales en tanto la acumulación de capital tenía todavía la posibilidad de realizar un desarrollo industrial donde gran parte de la producción se hacía en forma nacional. Aunque como vimos, gran parte de la tecnología era importada al menos hasta la segunda guerra mundial, una vez radicada en el país el proceso de trabajo se realizaba en forma íntegra. De esa manera una conciencia que concibiera el socialismo como algo nacional podía expresar la necesidad del capital. La pregunta es si hoy esa conciencia es potente para ese fin.

trabajo esclavo A partir de los ‘70, el capital avanza sobre la base de una creciente fragmentación de los procesos productivos que avanza más allá de importar maquinaria para realizar la producción dentro de un espacio nacional. Con la automatización, crece la separación de procesos productivos en diferentes países y la producción tiene un carácter mucho menos integrado a escala nacional. En este sentido, cualquier proceso de centralización del capital se choca de inmediato con que la forma nacional no resuelve la unidad de producción y consumo. Aunque como mostramos esto ya no era así en la URSS, hoy es mucho más evidente que cualquiera que afirme eso se choca con una realidad inmediatamente opuesta. Por eso, la reivindicación de la URSS sólo puede tomar una forma apologética o utópica pero no realista. Con todo, esto lejos está de significar que la crítica a la forma en que se concibe a la URSS y al marxismo implique caer en la apariencia de que los problemas vinieron del estatismo y de la burocracia. Plantear esto bajo las formas del consejismo o del autonomismo son formas de naturalizar la democracia y las relaciones mercantiles (aunque sea entre cooperativas y comunas) pero que no explican la determinación política de la clase obrera.

 Como señalamos en la respuesta anterior, la clase obrera es un sujeto revolucionario en tanto personifica la necesidad del capital de superarse a sí mismo mediante el desarrollo de la socialización del trabajo. En este movimiento, el capital choca con la propiedad privada y se encuentra con que el capitalista es un parásito y que solo la clase obrera puede expresar ese movimiento. La forma más potente de realizar esto es mediante la acción de la clase obrera centralizando el capital en el Estado, superando el límite de las escalas nacionales actuales sobre la base de una perspectiva internacionalista. Ese proceso revolucionario aunque mundial por su contenido toma forma nacional. El punto es no detenerse en la apariencia de que la expropiación de los capitalistas implica que ya se superó el capital sino reconocer el propio movimiento como portador de la necesidad de aumentar la plusvalía relativa que lleva al capital a colocar a la clase obrera en la necesidad de destruir al propio Estado.

 El detenerse en la apariencia de que ya se superó el capital solo puede constituirse entonces en una apología de la forma estatizada del mismo. El marxismo en su momento jugó un rol en la centralización y concentración de capital en manos de la clase obrera pero bajo la apariencia de la superación del capital a nivel nacional, agotada esta potencia mostró su carácter de conciencia estatal tanto en su forma apologética como crítica. Reconocer nuestra acción política y la necesidad de construcción de un partido revolucionario como portador de la necesidad del capital y avanzar más allá de esta apariencia no nos evitará la forma violenta y dolorosa de la centralización del capital en manos de la clase obrera a través del Estado. Pero la naturalización de dicho proceso bajo la apariencia de que la URSS fue la superación (parcial o total) del capitalismo hoy se muestra impotente. Una conciencia que pueda reconocer su acción enajenada como portadora de la potencia del capital de superarse a si mismo se le plantea la necesidad superar el límite inmediato que tienen los recortes nacionales, así como también la apariencia de que estos puedan contener la posibilidad de superar al capitalismo.

Resultado de imagen para miguel stedileMS- La experiencia rusa tiene importantes pasos sobre el poder y su ejercicio por el pueblo. Obviamente, los soviets son el ejemplo más importante. Sin ellos, no habría revolución, como percibió Lenin y los bolcheviques. Sin ellos, no habrían existido los consejos de fábrica de Turín con Gramsci, el intento de insurrección en Alemania, etc. La revolución rusa sólo es posible porque el poder se desplazó del aparato del Estado a otra forma de poder, capaz de suprimir la forma antigua.

Pienso, sin embargo, que nuestras sociedades latinoamericanas están más cerca de la interpretación de Gramsci (un leninista) y de quien en sociedades donde el poder no está concentrado sólo en el aparato del Estado nos exige mayores esfuerzos y la conquista o la construcción de otras “trincheras” para construir este “otro poder”. Pero al mismo tiempo, por mayor que sea el avance del neoliberalismo, la conquista del poder aún pasa por la conquista del Estado. La idea de “áreas libres del capitalismo” se ha demostrado en experiencias aisladas (en el mal sentido de la palabra) o inofensivas al sistema.

Con todos los errores y autocríticas que son necesarios sobre la experiencia soviética, al mismo tiempo, necesitamos reconocer que eliminar la dominación de una clase sobre la otra, liberó poderosas energías. El poder soviético permitió que una sociedad analfabeta, que desconocía la energía eléctrica, en sólo cuatro décadas, no sólo se modernizara, sino que también va a lograr derrotar a la amenaza fascista y además, enviar al ser humano por primera vez al cosmos. 

Libre de la burocracia y del enyesado, la experiencia soviética podría haber llevado la experiencia humana a un grado de plenitud desconocido hasta hoy por el género humano. Por eso me niego a rechazar la experiencia histórica de la URSS. Por el contrario, la URSS fue una obra gigantesca de miles de personas que no puede ser condenada a nostalgia, a los museos o al ostrascimo por los errores que cometió.

 Resultado de imagen para Natalia-LeivaNL: La gesta de 1917 dejó enseñanzas que debemos comprender en toda su complejidad. La clave para la conquista y consolidación del poder (luego de la revolución de Febrero que colocó a Kerensky y su gavilla en el gobierno, que carecían del poder real), es la preparación metódica y sistemática de la revolución proletaria por parte de los Bolcheviques. Estos se abocaron a un proceso de elaboración, reflexión y militancia para, luego de arrebatado el poder a la coalición liberal-reformista, fuera posible mantener a los obreros en el gobierno (que tenían el verdadero poder, el de los sóviets), sobre la base de un programa revolucionario, audaz y sobre la democracia obrera. Se trataba de la materialización de la consigna “todo el poder a los sóviets”.

 El triunfo de la revolución bolchevique, significó un hito en la historia de la humanidad, permitiendo la implantación del primer Estado obrero del mundo. Obligó a los revolucionarios a lo largo y ancho del planeta a posicionarse en torno a una estrategia internacional de lucha contra la burguesía, en base a un programa en común, desembarazándose de sus elementos reaccionarios. Este es el germen de la III Internacional, que Lenin fundó en oposición a las corrientes adaptadas a la democracia burguesa.

La política contrarrevolucionaria de Stalin tras la muerte de Lenin, no minimiza el alcance que tuvo en la historia la existencia de la URSS. Coloca nuevamente la importancia del Partido en un proceso revolucionario socialista, en cuanto a la táctica y estrategia revolucionaria.

 Múltiples enseñanzas se pueden extraer de la experiencia soviética, pero quizás la más importante, es que el socialismo sólo puede edificarse en base a la lucha de clases nacional e internacional y a la dirección revolucionaria del proletariado. Surgirá en un país, pero sólo podrá triunfar cuando se consolide el socialismo a nivel mundial. La mundialización de la economía permite generar a priori las condiciones de preparación para que cualquier país posea (al menos potencialmente) las condiciones para el desarrollo del socialismo, tal como planteaba Trotsky, cuando esbozó la conformación de la IV Internacional.

 En este marco, el período abierto con la Revolución de Octubre no se ha cerrado, por lo que debemos negar enfáticamente que estamos ante el “fin de la historia”. Las contradicciones continúan agudizándose en el marco de un capitalismo en descomposición.

 En pleno siglo XXI, estamos lejos aún de los niveles organizativos y teóricos que se necesitan, pero es fundamental abocarnos construir un partido que sea una alternativa de poder, que unifique la acción de los revolucionarios en torno a un programa, que se delimite del reformismo democratizante, al tiempo que ofrezca salidas para los problemas que enfrentan los trabajadores a diario, politizándolos.

 La estrategia revolucionaria mantiene la vigencia del análisis de la tradición marxista: todo está por hacerse hasta que se gane la conciencia de la vanguardia obrera, hasta que se logre desarrollar de tal manera los planteos en las masas, para extraer las conclusiones de la etapa: que el sistema capitalista nada puede ofrecernos más que explotación, destrucción y guerra. Hay que anteponer a esto la lucha por la revolución socialista internacional.

 

 

 

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Un nuevo TLC UE-Mercosur ¿para facilitar el flujo financiero ilícito?

  Claudio della Croce| El presidente argentino Mauricio Macri aseguró que el mandatario …

Detectan 600 mil empresas “fantasma” en México

El Servicio de Administración Tributaria (SAT) de México identificó a 600 mil empresas …

El nerviosismo de las bolsas

  Francisco Louça| ¿Qué ha pasado este 10 de octubre? Las bolsas se …

¿Corrección bursátil?

 Michael Roberts|El mercado de valores de Estados Unidos se volvió volátil esta semana …

Las mafias y el FMI (video)

—   ¿Qué tienen en común Christine Lagarde, Rodrigo Rato y Dominique Strauss-Khan? …

Dinero endógeno: escondido a plena vista

Alejandro Nadal| Ya es lugar común criticar a los economistas convencionales por su …

MARX HA VUELTO: El mercado y las crisis

Vida y pensamiento de Rosa Luxemburgo (Vladimir Acosta)

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LOS MITOS DEL LIBRE COMERCIO

CAPITALISMO: ¿Y si Marx tenía razón?

CAPITALISMO: Keynes vs. Hayek, ¿una pelea amañada?

Debate

Pinker y su optimismo ilustrado frente a Harari y su Sapiens

  Manuel de la Iglesia-Caruncho| Dos formidables obras sobre la civilización creada por …

Esperando el golpe (la nueva recesión)

Antonio Turiel-TheOilCrash| Si siguen  la prensa económica convencional, habrán notado que en las …

Deuda y guerra comercial: Hacia un nuevo capítulo de la crisis económica mundial

Carlos Carcione|La crisis financiera argentina, que continúa a pesar del auxilio del FMI, …

El negocio del endeudamiento, riquezas para unos pocos y pobreza para el pueblo argentino

Horacio Rovelli| La deuda siempre fue el mecanismo preferido de dominación.  En nuestro …

Venezuela

Venezuela: ¿Adiós al anclaje del bolívar a El petro?

15yUltimo| Según la formula del anclaje del bolívar al El Petro presentada en …

Venezuela-China: potencial y poder en desarrollo

  Ernesto Wong Maestre| La avalancha de acuerdos bilaterales firmados por el Gobierno …

Anclaje del salario al valor del Petro: ¿Puede funcionar?/ Algunas alertas/ La posición de Fedecámaras

José Gregorio Piña T.-15yultimo| Como siempre, hemos esperado percibir las reacciones de parte …

Los anuncios económicos de Maduro, versión 17 de agosto

El presidente de la República, Nicolás Maduro, ofreció la noche del viernes 17 …

Opinión

Lehman Brothers, la caída hacia una de las peores crisis capitalistas que perdura

  Claudio della Croce-CLAE| El colapso financiero provocado por el estallido de la …

El internacionalismo proletario del gran empresariado y la izquierda chilena

Maximiliano Rodríguez||Casi como si estuvieran enarbolando las mejores tradiciones del socialismo, el gran …

Argentina: Otro camino para enfrentar la crisis

  Claudio Katz|La reciente devaluación empuja al país a una dramática espiral de …

Economía Mundial: 50 años de crisis crónica y una década de depresión

Carlos Carcione| Los primeros episodios de la “guerra comercial” desatada por Donald Trump …

Entrevistas

Pierre Salama: “Argentina está cerca del default”

  Julián Blejmar| “Surrealista”. Esa es la primer definición que se le ocurre …

El G20 y la gobernanza global: ¿cambiará algo después de Buenos Aires?

  L’Ombelico del Mondo|  José Antonio Sanahuja, Director de la Fundación Carolina y …

Mario Valencia:“Colombia tiene una vena rota por fuga de capitales”

  SES| El tan mentado milagro económico colombiano tiene, según dice Mario Valencia …

El T-MEC, ¿primer acuerdo internacional contra China?

  Genaro Rodríguez Navarrete| Enrique Dussel Peters (París, 1965), director del Centro de …

Temas

Ecuador: Empresariado vs sector social, ¿nueva proforma 2019?

  Jonathan Báez|  La proforma del Presupesto General del Estado eacuatoriano 2019 fue …

Un nuevo TLC UE-Mercosur ¿para facilitar el flujo financiero ilícito?

  Claudio della Croce| El presidente argentino Mauricio Macri aseguró que el mandatario …

El fin del trabajo. Robots y economía digital

Periferias| }Los robots son las principales estrellas del firmamento, pero el cambio viene …

Argentina, un país dependiente y sin futuro

Horacio Rovelli| Los españoles en plena época de la conquista llamaban a estas …

Blogs

El Banco Central de Venezuela y la Ley de Gresham

Luis Salas Rodríguez| El problema de las llamadas leyes de la economía es …

Sin mercado interno no hay paraíso

Luis Salas Rodríguez |A mediados del año pasado, concretamente el 24 de agosto, …

Pedagogía del especulado: Los ajuste de precio … ¿y la demanda?

Luis Salas| En días pasados en este mismo portal, en un excelente artículo …

Pedagogía del Especulado: Nicolás Copérnico, el bolívar y el principio de autoridad monetaria

Luis Salas| Nicolás Copérnico, como otros hombres y mujeres del Renacimiento, fue lo …

Noticias

Los BRICS valoran la idea de una criptomoneda alternativa al dólar

Grigory Sysoev-Sputnik| El grupo formado por Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica …

En el Banco Central argentino está prohibido discrepar

  Rubén Armendariz-CLAE|El Poder Ejecutivo dispuso remover al director del Banco Central de …

La mayoría de los adolescentes argentinos vive en la pobreza

 Rubén Armendáriz| Al menos uno de cada dos adolescentes es pobre: la incidencia …

Carlos Slim: Pérdida de empleos y hartazgo social, efectos de la revolución tecnológica

La rápida transformación que genera la revolución tecnológica ha provocado que empresas estén …

Enrique García: “Es momento de repensar la integración regional en Latinoamérica”

Veterano de muchas crisis, el boliviano Enrique García está a punto de terminar …

Ford anula inversión en nueva planta en México tras críticas de Trump

TdC|La automotora trasnacional Ford Motors anunció el 3 de enero que decidió cancelar …

ESPECIAL: TEORÍA DE LA DEPENDENCIA

América Latina desde la teoría de la dependencia

Claudio Katz|Desde hace cuatro décadas vivimos bajo la …

Dialéctica de la dependencia: lectura obligatoria para la izquierda latinoamericana

José Galindo| Al parecer, las formas de explotación …

Pensamiento crítico

Peculiaridades de Argentina

Claudio Katz| Argentina es un gran enigma para los intérpretes del desarrollo. Un país favorecido por extraordinarias riquezas naturales y con una población relativamente calificada afronta agudas crisis periódicas. Esas convulsiones conviven con enormes movimientos de protesta en escenarios políticos convulsivos. ¿Cuáles son las causas del declive económico-social? ¿Cómo operan …

La idea socialista ante la cuarta revolución industrial

  Luis Bonilla Molina|.El capitalismo está obligado a revisar de manera permanente sus dinámicas para mantener su hegemonía y para ello no tienen prejuicios ni reparos en romper sus premisas y explorar nuevos caminos. Cada vez que desde el campo popular y revolucionario se le asesta un golpe a la …